Dentro de la escena extrema mexicana, pocas propuestas han sabido transmitir la desesperación con la honestidad de The Depressick. Originarios de Ciudad Nezahualcóyotl, Estado de México, el grupo encontró en el Depressive Suicidal Black Metal (DSBM) un vehículo para explorar la soledad, el deterioro emocional y las cicatrices que deja la existencia. Su EP ** 1962 ** es una obra que se aleja de los convencionalismos del black metal para construir un paisaje profundamente introspectivo y sombrío.
Lejos de privilegiar la velocidad como fin en sí mismo, el material desarrolla una atmósfera asfixiante donde las guitarras, cargadas de distorsión y reverberación, construyen un muro de sonido denso sobre el que descansan melodías melancólicas. La batería alterna explosiones de blast beats con pasajes lentos y fúnebres, permitiendo que las canciones respiren y acentúen su carga emocional.
Las voces, desgarradas y desesperadas, funcionan como un instrumento más dentro de la composición. No buscan la claridad, sino transmitir angustia, aislamiento y desolación. En ese sentido, 1962 se acerca a la tradición europea del DSBM representada por proyectos como Silencer, Shining, Austere o Forgotten Tomb, pero mantiene una identidad propia marcada por la crudeza de la escena underground mexicana.
El título del EP despierta curiosidad y funciona como un símbolo que atraviesa toda la obra. Más que ofrecer respuestas, la banda deja que el oyente complete el significado de ese número, convirtiéndolo en un punto de partida para una experiencia profundamente personal. Esa ambigüedad fortalece el carácter introspectivo del lanzamiento.
La producción evita cualquier exceso de pulido. El sonido conserva una textura áspera, casi demo en algunos momentos, una decisión que favorece la autenticidad del discurso. En lugar de ocultar las imperfecciones, The Depressick las convierte en parte esencial de su identidad sonora, reforzando la sensación de aislamiento y abandono que define al EP.
1962 demuestra que el DSBM mexicano posee una voz propia y que propuestas surgidas desde espacios como Nezahualcóyotl pueden dialogar con la escena internacional sin renunciar a su origen. No es un trabajo concebido para el consumo casual ni para la espectacularidad; exige paciencia, atención y disposición para adentrarse en un universo emocionalmente devastador.
Más que un simple EP, 1962 es el retrato de una herida abierta. Un lanzamiento que confirma a The Depressick como una de las propuestas más sinceras del black metal depresivo hecho en México y que evidencia que la oscuridad también encuentra eco en los barrios, calles y silencios de Nezahualcóyotl.



